Comenzando por alejarse del miedo a tener una vida triste.
Pararse al borde de las emociones, esconderse en un rincón agradable,
agarrarse las rodillas y respirar tranquilo, eso es congelar la vida.
Y es que no es una lucha fácil, cuando nos agarran de las muñecas para
convencernos de que la felicidad se encuentra en lo estable. No te acobardes,
no te aburras de lo hermoso, no huyas de lo que duele.
Morir sin mentiras, mentir sin sangre. Buscar lo evidente mientras perdemos
en el camino millones de sutiles, eso es congelar la alegría.
Y es que la contienda no es sencilla, cuando hay tantos juzgando nuestro
error, disparate, delito. No nos dejemos abatir, ya que el único crimen que
cometemos es hacer a los demás menos alegres, y éste comienza cuando nosotros
nos creemos infelices.
Vamos a hacer algo, explotar y
recomponernos. Combatir. Subir, bajar, correr, asustarnos, llorar, bailar,
hacer el amor, viajar. Sudar. Vamos a ser transparentes, aventureros,
diferentes.
Humanos.
Humanos.
